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Relatos

Nacimiento de Mateo

Mi pareja y yo decidimos que el alumbramiento de nuestro primer hijo sería asistido, en la parte de la dilatación, por las matronas de Mamá Mimada. Tomamos esta decisión porque temíamos la excesiva medicalización a la  que durante este proceso se somete a la mamá y al bebé en el hospital. Aspectos como tener libertad para caminar y así aliviar el dolor de las contracciones, vivir el proceso en un ambiente acogedor  o evitar la administración de fármacos innecesarios, nos parecían fundamentales a la hora de dar la bienvenida a nuestro hijo.

Durante la semana en que Mateo habría de venir al mundo, nos mantuvimos en contacto con Ágata, que sería la encargada de acompañarnos en este proceso. La noche en que sentí que mi pequeño estaba haciendo fuerza por llegar, esperamos a que las contracciones fueran fuertes y, sobre todo, regulares, ya que a lo largo de varios días  las había estado sintiendo a intervalos variables. Cuando esto ocurrió, llamamos a Ágata y esta se presentó en lo que a mí me parecieron cinco minutos (tan concentrada estaba en el proceso). Me exploró ¡y ya estaba de cinco centímetros!

Las siguientes cuatro horas fueron muy intensas. De la mano de mi pareja, sentía que mi interior se abría. Recordaba que soy un animal en cada quejido que emitía. Ágata me ayudaba a sobrellevar  las contracciones, cada vez más intensas, con pocas indicaciones y mucha delicadeza.

Al rayar el amanecer, Ágata nos indicó que era el momento de acudir al hospital, que su trabajo tras la dilatación daba paso al de los médicos del hospital, como nosotros habíamos decidido.

Mi parto terminó en cesárea ya que Mateo fue, al nacer, un precioso bebé de casi cinco kilos, que insistió en meter su cabeza por el canal del parto pero no terminaba de asomarla. Así que los médicos, creo que con buen criterio, decidieron intervenir para evitar complicaciones. No obstante, estoy contenta con la decisión tomada de la asistencia de la dilatación en casa ya que me permitió vivir este momento de forma armoniosa e intensa.

MAMA y PAPA DE MATEO

Nacimiento de Iris

WP_001858En este relato voy a contar cómo fue el nacimiento de Iris en su casa. Antes de este hecho vivimos el embarazo de Mara y fue en este proceso natural donde se me planteo por parte de mi pareja la posibilidad de tener un parto natural en casa. La primera vez que me lo dijo se planteo hacerlo con profesionales de Madrid y reconozco que no fui nada receptivo a la idea, veía mas los inconvenientes que las ventajas y sobre todo no escuchaba a Mara.

Faltando dos meses para el parto conocimos a Mamá Mimada, concretamente a Silvia Y Agathe y pude compartir con ellas y con Mara un fin de semana de curso de preparación al parto. Las sensaciones tras hablar con ellas y conocerlas, solamente un poquito, fueron muy positivas. Salí pensando que eran dos profesionales con las ideas muy claras y que si Mara paría con ellas, la iban a cuidar estupendamente y con cariño. Tras hablar con Mara decidimos que lo íbamos a hacer en casita.

Llegado el día, preparamos en casa todo lo necesario para que el parto fuese lo mejor posible y así estar preparados y lo más tranquilos posibles para vivir este estupendo acontecimiento.

El día 26 de Diciembre de 2013 por la tarde supimos que había llegado el momento y que ya no había marcha atrás. Mara empezó con sus contracciones y como toda madre buscó su lugar más cómodo en la casa para ir preparando el parto de nuestro/a hija y digo esto porque en el embarazo no quisimos saber si era niño o niña.

Ya de madrugada y metidos en el día 27 de Diciembre avisamos a Agathe y Silvia para que se viniesen para casa y su respuesta fue inmediata. Llegaron y comenzaron su trabajo, que en un primer momento fue tranquilizar a Mara y a mí. Seguidamente empezaron a escuchar el latido del bebé para ver cómo estaba su ritmo cardíaco. Comprobado que todo estaba normal, Mara continuo con sus baños de agua caliente en la bañera lo cual le relajaba bastante. Transcurridas unas horas necesitábamos saber si esto iba avanzando y fue la primera y única vez que le hicieron un tacto y así comprobar cómo iba la dilatación.  Al ver que el proceso iba bien nos tranquilizamos y afrontamos el sprint final que iba a durar unas horas más. En este momento rompió aguas abrazada a mí y nos animó aún más. Quiero resaltar que durante todo este tiempo la intervención de las dos matronas fue muy liviana pero totalmente correcta. Nosotros tampoco queríamos mucha intervención por parte de ellas ni tampoco creo que sea su filosofía  puesto que el fin de estehecho es que sea lo más natural posible. Eso si no faltaron las escuchas del latido del bebé para seguir comprobando que todo estaba correcto.

Encarando el tramo final Mara vivió la fase de expulsivo en nuestro dormitorio, haciendo pujos en posición de pie y agachándose en cuclillas. Todo esto fue súper emocionante y a la misma vez agotador sobre todo para la madre. Aquí sí que fue un placer ver trabajar a Silvia y Agathe, cuidando de una forma muy especial a mi pareja y animándola a que no desfalleciera en ningún momento. Quiero resaltar la intensidad y belleza de esos momentos, es algo que nunca podré olvidar y más al vivirlos en nuestra casa con la gente necesaria  e imprescindible para que no hubiera interferencias de ningún tipo y menos aún malos rollos con algún profesional que al ser su día a día piensan que también es algo normal para los futuros papis. Esto lo digo solo en base a relatos de otras parejas que nos han contado su mala experiencia. Con esto no digo que en un hospital se vivan siempre malas experiencias ni mucho menos ni que el parto en casa siempre sea la mejor opción. Pero si quiero decir que en nuestro caso el trato tan cercano, profesional y cariñoso hacia la madre de las dos matronas que nos atendieron fue maravilloso y totalmente recomendable para hacer del nacimiento de tu bebé un acontecimiento súper especial.

Y así llegó el momento de la verdad en que por fin nació nuestro bebé de la mano de la propia madre en su casa. Lo cubrieron y  Mara rápidamente se lo acomodó en su pecho, que emoción!!! Que subidón!!! Adrenalina pura!!! Llantos, lágrimas, la vida!!!

¿Qué es? ¿Qué es? preguntamos, “es una nena”, se llamará IRIS y llenará nuestra vida de color.

RAUL  y MARA

Yo fui una mamá mimada

Relatos

Fue una gran suerte para nosotros encontrar a mamá-mimada y con ella a Silvia.

Cuando me quedé embarazada, algo dentro de mí me decía que nosotros, mi pareja y yo necesitábamos estar muy preparados para la llegada del pequeño Gabriel, creo que en ocasiones damos por hecho que el nacimiento de un hijo es algo natural y sabremos afrontarlo sin problemas, pero seamos claros, en la sociedad en la que vivimos en numerosas ocasiones se obvia lo más importante, la parte emocional y no existen los servicios apropiados para prepararnos plenamente para algo tan importante.

Por eso creíamos que sería necesario que alguien nos ayudara a afrontar psicológica, física y por supuesto emocionalmente para este cambio.

Nuestra matrona nos enseñó todo lo necesario de una manera cercana y con esa dulzura que la caracteriza, nos preparó teóricamente hablándonos en diferentes sesiones de cómo llevar un embarazo saludable, de las fases del pato, el parto en sí y del postparto y puerperio (palabreja nueva que aprendimos gracias a ella)

Además también me preparó físicamente, realizando diferentes ejercicios para estar en forma, diferentes posiciones favorecedoras para paliar el dolor de las contracciones, respiraciones, relajación…las sesiones eran muy enriquecedoras…

Y por fin llegó el ansiado día, toda una noche de contracciones preparatorias e indoloras que nos avisaban que el pequeño ya estaba buscando su camino …tras ellas empezaron las auténticas ya bien entrado el día, un 13 de enero frio y lluvioso.

Silvia vino a casa primero para asegurarnos que estaba de parto y así era, ya casi borrado el cuello del útero, sabíamos que aún quedaba bastante camino por recorrer aunque la cuenta atrás ya se había puesto en marcha…

Gracias a ella y a su voz delicada, y como no, también a la presencia del papá, me sentía arropada, afortunada, preparada y dispuesta a enfrentarme a ese bonito y doloroso trance.

Cuando pasaron las contracciones más dolorosas para mí (3 a 4 cm) subimos al baño, recordaré siempre ese instante camino a nuestra bañera, todas las escaleras llenas de velas y con una luz tenue, ya metida en el agua, la relajación, aunque había contracciones fuertes, el dolor se fue calmando, con la ayuda de mis guías que no dejaban de echarme cuidadosamente agua por la espalda y allí pasé un largo rato y verdaderamente puedo decir que no sentí miedo, ni dolor…que me había empoderado de mi parto.

Cuando ya consideré que el parto estaba bastante avanzado nos fuimos para el hospital, como así lo habíamos acordado…allí nos esperaba otra matrona de diez (que suerte!!) y aunque el expulsivo se eternizó y hubo que hacer alguna que otra maniobra para que el peque se decidiera…por fin a las 7:20 A.M apareció un niño precioso que no dejaba de chuparse los dedos…que hambre tenía y buscaba el pecho sin parar…Y mi Silvia embarazada de 7 meses aguantó como una campeona…eres una luchadora, bien te ganaste el pan aquella madrugada, por eso y por todo lo relatado siempre te estaré agradecida, un placer haberos encontrado.

ESPE y FAUSTO.

Nacimiento de Virginia

Siempre había querido tener  tres hijos. Cuando mi segundo hijo, Rodrigo, tenía casi tres años, y ya estaba empezando su destete, sentí que el momento del tercero llegaba. Mi hermano Germán y Lourdes nos anunciaron su boda para julio, por eso decidimos posponerlo. Aún así cuando llegó el mes de mayo, decidimos intentarlo solo ese mes, si ocurría , la baja maternal unida al verano de profesora haría que pudiese pasar más tiempo con mi bebé. Así ocurrió, así que fui embarazada de dos meses a la boda.

Viví el embarazo con máxima ilusión, me encontraba estupendamente, me gusta sentir a mi bebé dentro  de mí y me gusta experimentar los cambios de mi cuerpo, me parece un lujo pasar una temporada en la vida siendo dos en uno. Además no cogí demasiados kilos, de 59 de partida llegué a 70 al final. El único pequeño inconveniente fueron unas varices en la pierna derecha, que desaparecerían después del parto casi por completo. Hice mucho deporte, natación y yoga sobre todo, me sentía espléndida.

Después de vacaciones de Navidad, me di de baja en el trabajo y un fuerte síndrome del nido hizo que preparase la ropa de bebé y la casa con máximo entusiasmo.

Una vez más, nos costaba encontrar un nombre que nos satisfaciera a los dos, a Rodrigo y a mí. Lo fuimos hablando durante el embarazo, pero no terminábamos de ponernos de acuerdo. En navidades decidimos que sería Inés, pero mis pensamientos me atormentaban cada vez más, diciéndome que ése no era el nombre. La noche del 25 de enero tenía necesidad extrema de replantear la decisión del nombre y lo quería hablar con Rodrigo. Traté de no dormirme cuando llevé a la cama  a mis hijos Paulina y Rodrigo, pero fue inevitable. Mi hijo Rodrigo nos despertó a las tres de la madrugada del 26 de enero, porque quería hacer pis y su papá lo llevó al servicio. Cuando me desperté y me di cuenta de que me había dormido, comenté a Rodrigo mi inquietud y urgencia por retomar el tema del nombre. Nos pusimos a hablarlo en plena madrugada y después de proponer varios nombres que nunca convencían a los dos, vino a mi cabeza el nombre de Virginia, me sonó muy bien y a Rodrigo también, después de eso, nos dispusimos a dormir con tranquilidad. Ese nombre había estado guardado en mi mente , propuesto por mi abuelita Ana y quiso venir a mi caprichosamente en ese mismo día de nacimiento, sin saberlo yo todavía.

Aún no había conciliado de nuevo el sueño, habría pasado aproximadamente media hora después de haber decidido el nombre, después de llenarme de paz ,cuando…sentí  mi primera contracción. Cada 10-minutos se repetían, eran suaves, me anunciaban que Virginia se iba abriendo camino para salir al mundo.

Continué toda la noche con contracciones, pero podía descansar ya que eran suaves. Me levanté como todos los días y preparé a los niños para llevarlos al colegio. Fuimos dando un paseo, las contracciones espaciadas diez minutos o un poco más seguían haciendo su trabajo, pero yo no estaba segura de que ese día fuera a ser el parto. Me mantuve en contacto con Silvia y Ágathe toda la mañana por medio de Whassap. Esto me hacía sentir acompañada y misteriosamente protegida, las tenía a segundo de whassap y en cinco minutos podían llegar a casa, justo cuando decidiéramos que fuera necesario.

Había quedado con mi gran amiga Teresa aquella mañana para que me hiciera reflexología, la llamé para comentarle que mejor no viniese ya que tenía contracciones. Ella insistió en vernos siempre y cuando a mi me apeteciese. Llegué a casa, me senté en el sofá, comprobé como mis contracciones  seguían repitiéndose, cada vez el parto estaba más cerca, pronto conocería a Virginia. Me duché, ese sería mi último preparativo. Llamé a Teresa, nada más vernos nos dimos un fuerte abrazo que nos llenó de energía, las dos sabíamos que ese día era muy importante en la historia de mi vida. Yo relajada sentada en el sofá, Teresa enfrente con máximo empeño, me hizo la prometida sesión de reflexología. Precioso regalo en día de nacimiento.

En ese momento estaba muy relajada, pero a la vez me sentía cargada de mucha fuerza para afrontar mi adenlatado parto. Mi útero seguía contrayéndose  cada vez con más intensidad, y yo dejaba que hiciera su trabajo mientras respiraba con mi abdomen de forma profunda.

Preparé la comida, macarrones, se acercaba la hora de que Paulina y Rodrigo vinieran del colegio y empecé a dudar si tendría tiempo. En esos momentos, para mí era indudable que el nacimiento de Virginia estaba muy cerca. Me lo decían las contracciones que eran ya  muy fuertes y que venían muy puntuales guiadas por mi reloj interior. Llamé a Rodrigo  a las dos menos cuarto, dudaba si sería mejor que los niños se fueran ya con mis padres. Decidimos que vinieran a casa por no cambiar de planes precipitadamente. Cuando llegaron Rodrigo y los niños, mis contracciones venían con tanta fuerza que para mi se paraba el tiempo y no seguía de nuevo hasta que la contracción se iba, no se podía disimular. En una tregua, le dije a Paulina lo cerca que estaba su hermanita y llamé a mi padre para que viniera a por ellos.

Mientras ellos comían yo estaba en el salón, en el sofá, completamente abstraída de la vida de casa y centrada en mi, todo mi cuerpo y alma trabajando en el parto. Silvia y Agathe ya estaban preparadas para entrar en casa en cuanto se fueran los niños y mi padre. El momento era inminente, bien lo sabía yo. No obstante, mi cara no lo debía reflejar ya que todos seguían su curso, mi padre jugaba sin prisas con los niños y Rodrigo recogía la cocina. Tuve que decir ¡¡¡¡¡YA!!!!. Mi padre y los niños se fueron y Rodrigo dejó de recoger la cocina.

Inmediatamente llegó Agathe. Justo cuando entraba en el salón, tenía una contracción  muy muy intensa, ya había llegado a la máxima intensidad. Agathe se puso enfrente de mi, me cogió las manos y me ayudó con sus palabras de aliento a que mantuviese esa confianza en mi y expresó lo avanzado que estaba el proceso ya. Yo ya no pude hablar con ella, estaba en mi mundo particular, en el que estábamos Virginia y yo.

El salón fue el escenario elegido, un fuego en la chimenea  nos daba el calor ardiente  y el ambiente  especial que la ocasión requería. Mis brazos agarraban con fuerza las manos de Rodrigo, mi cara buscaba intimidad apoyada en el sofá y mis rodillas en el suelo.

Mi cuerpo mandaba, mi cuerpo dirigía, toda mi energía concentrada en empujar. Un poquito antes de nacer se rompió la bolsa, sentí el líquido amniótico calentito deslizar por mis piernas. La cabeza estaba completamente encajada, la presión era máxima, Agathe me indicaba que todo estaba progresando muy bien y me regalaba palabras de aliento para que mi ánimo no decayese.

La energía era infinita, la presión de la cabeza era más grande todavía…unas cuantas contracciones más , cada una aportaba un poquito a esa salida tan justa…hasta que una hizo que la cabecita de Virginia viera el mundo por primera vez. En la siguiente su cuerpo fluyó de mi como un pez que nada.

Agathe me la dio en mis brazos, era monísima, la acuné, tenía semejanzas con mis otros hijos, pero a la vez me pareció tener su identidad propia y ser la más diferente. No lloró, emitió algunos sonidos. Mi cuerpo estaba exhausto y a la vez tocando la gloria.

Me tumbé en el sofá, tenía mucha sed, mi cuerpo se reponía poco a poco, todavía dolorido, cuando expulse la placenta, unos 15 minutos después, mi cuerpo se entregó al descanso y relax después del trabajo hecho, todo había vuelto a su curso. Agathe  con la ayuda de Silvia, cosió mi pequeño desgarro y llamé a mis padres a dar la noticia, todo había salido fenomenal.

Ya sólo faltaba establecer nuestro nuevo vínculo, el pecho. Virginia se agarró, chupo un poquito de leche  y durmió casi toda la tarde. Nos miramos, hicimos fotos y quedó grabado para siempre en mí este 26 de enero.

La llegada a casa de mis padres y mis hijos se describe con entusiasmo e ilusión, y así quedaba culminado este nacimiento.

ALICIA 

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